miércoles, 26 de noviembre de 2014

RE - ALFABETIZACIÓN DIGITAL


Seguramente, si pensamos en la palabra alfabetizar enseguida nos vendrá a la mente “enseñar a leer y a escribir”. Y por digital ya nos sugiere que tiene algo que ver con la tecnología. Esto ya nos da pistas de lo que entendemos por alfabetización digital. En este nueva era digital nos expresamos a través de múltiples tipos de soportes y mediante diversas tecnologías (impresas, digitales, televisión, ordenadores, móviles, Internet...) y empleando distintos formatos y lenguajes de representación y de comunicación (textual, sonoro, audiovisual…) (Area. Manuel, 2012). De modo que la alfabetización digital corresponde a ser competente en el  uso de los distintos tipos de medios y Tecnologías de la Información y la Comunicación para dar respuesta a las exigencias de la sociedad actual.

Pero no basta solo con conocerlas y utilizarlas. Ser competente va más allá. Debemos conocerlas y hacer un buen uso de ellas. Entendiendo entonces que si nuestro objetivo es formar alumnos alfabetizados digitalmente, debemos ayudarles a que sean capaces de analizar y producir textos audiovisuales, prepararles para el consumo ante la masificación de información proveniente de los diferentes medios como la televisión, la publicidad…, ayudarles también a que sean sujetos capaces de desarrollar las habilidades necesarias para el buen uso de la informática (ordenadores, navegación por Internet, uso de software...), y a buscar, seleccionar, comprender y reconstruir la información en función de un propósito. Y todo de ello de una manera global y responsable.

Esto implica que además de un recurso de trabajo o material de apoyo, debemos ampliar esta visión y ver a la Tecnología como un espacio sobre el cual el alumnado tiene que aprender a enfrentarse para resolver situaciones problemáticas, situaciones que una vez fuera del aula deberán hacer frente y saber actuar para poder desenvolverse adecuadamente en nuestra cultura digital. Por ese motivo desde la enseñanza pondremos especial interés no tanto en enseñar habilidades de utilización, si no en la adquisición y domino de destrezas centradas en el uso de la información y la comunicación para el uso de las mismas con fines inteligentes (Area. Manuel, 2012). Siendo así nuestro objetivo como docentes, y tal como Manuel Area (2012) dice, formar a nuestros alumnos como “usuarios conscientes y críticos de las nuevas tecnologías y de la cultura que entorno a ellas se produce y difunde”.


Claro está que como futuros docentes nuestro objetivo será trabajar y formar por y para los alumnos. Pero en la era digital estamos todos inmersos. Y ha venido para quedarse, así que no debemos olvidar que nosotros mismo también tenemos que “realfabetizarnos”. Como Alfonso Gutiérrez (2012) dice, a diferencia de la alfabetización, en la que aprendemos a leer y a escribir y se asocia más a edades tempranas, la alfabetización digital va también dirigida a los adultos. Que ya “alfabetizados” han de volver a “realfabetizarse” para adquirir nuevos conocimientos y destrezas relacionados con las nuevas tecnologías. La tecnología ha llegado a nuestra sociedad y con ella la obligación que tenemos de adaptarnos a esta era digital, sabiendo enfrentarnos a la información y la comunicación, y tomando conciencia de las implicaciones económicas, ideológicas, políticas y culturales de la tecnología de nuestra sociedad (Area. Manuel, 2012).

Para saber más acerca de la alfabetización digital, de los colectivos a los que urge más trabajar para que no queden excluidos, en qué entorno y cómo abordar la alfabetización digital, etc., no te pierdas este artículo de Alfonso Gutiérrez Martin; “Alfabetización digital, un reto de todos”.

Profundiza más acerca las competencias requeridas en la alfabetización digital:




¿Qué opinas sobre la brecha digital en personas mayores?



lunes, 10 de noviembre de 2014

WEB 2.0 LA ERA DE LA INFOXICACIÓN


Para entender que es la Web 2.0 vamos a remontarnos unos años atrás, a la época de la Web 1.0. En esta época el usuario era quien recibía la información o la publicada, sin dar mucho pie a una interacción.  Sin embargo, ha sido a través de la Web 2.0 en la que el sujeto, antes pasivo, se convierte en agente activo de participación e interacción, dejando de lado el papel de consumidor para ser un usuario creador.


No me atrevo a definir qué es exactamente la Web 2.0, pero sí es importante saber que hace referencia a una transición, a un cambio de tendencia. Alberto Ortiz dice que se trata de “un fenómeno social en relación con la creación y distribución de contenidos en Internet, caracterizado por la comunicación abierta, la descentralización de autoridad, la libertad de compartir y usar, dentro de un enfoque que trata a las relaciones humanas como conversaciones”.

De modo que cuando hablamos de web 2.0 hacemos referencia a los nuevos sitios web en la que la participación de los usuarios es la principal característica diferencial. Forman parte de este nueva época los Blogs, espacio en el que podemos publicar noticias o artículos con espacio para comentarios e invitando a demás usuarios a una discusión, las redes sociales como Facebook, servicios conocidos por Wikis (Wikipedia) y los portales de alojamiento de fotos, audio y vídeos como YouTube. Todas estas herramientas nos permiten interactuar con otros usuarios y aportar contenidos, publicar, mezclar, compartir…
El Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación al Profesorado (INTEF) nos habla de la web 2.0 como una actitud y no una tecnología. Una actitud que debemos trabajar para desarrollar Internet. Y en la que navegar supone seguir las directrices de las “4C”: Comunicarse, Compartir, Colaborar y Confiar.


Manuel Area (2012) dice que la Web es como una biblioteca universal. En la que la sobreabundancia de información genera «infoxicación». Me resulta interesante cómo utiliza la metáfora de la biblioteca, ya que cierto es que Internet nos ha abierto un abanico infinito de posibilidades para acceder a cualquier tipo de información gracias a las tecnologías.  Pero esta información puede resultar excesiva. Y es a esta sobrecarga de información con la que nos encontramos en la actualidad, a lo que Manuel hace referencia cuando dice que la sobreabundancia genera infoxicación. Hasta el límite de saturar la propia capacidad humana para procesar y analizar tanta información.
Alfons cornellà (2000), quien introdujo el término de Infoxicación, dice que es “la enfermedad de la sociedad digital de principio del siglo XXI”.  Y es tanta la información, que según él hace que desarrollemos una incapacidad de análisis eficiente.  A su vez, también nos puede crear ansiedad debido a la imposibilidad de asimilar la inmensa cantidad de datos disponibles en poco tiempo.

El problema es que la tasa de información que se produce va en aumento día a día,  como también los canales por los que nos llega.  Y esta velocidad de circulación de la información afecta a una instancia fundamental: la reflexión (Lash, 2005).  Ante lo que vemos, oímos o leemos, ya no nos queda tiempo y espacio para reflexionar.
Por otro lado, muchos autores afirman que aunque tengamos recursos y medios para acceder a cualquier tipo de información, y podamos considerar que vivimos en una sociedad de información,  no hace que seamos una sociedad de mayor conocimiento.  Como Manuel Area (2012) dice, una cosa son los datos y otra bien distintas es la capacidad de interpretarlos, darles sentidos y un significado útil para nuestros objetivos.  Por ese motivo es importante, pensando en nuestra tarea como docentes ayudar a nuestros alumnos a que sean competentes en cuanto a hacer un buen uso de Internet; ayudarles a que sepan qué información buscar y dónde la pueden encontrar, que páginas son fiables y a cómo transformar la información a la que acceden en conocimiento, y que esto, a su vez les permita resolver los problemas que se vayan encontrando y desarrollarse de una manera adecuada. Como diría Manuel Area, es ayudarles a que crezcan como sujetos alfabetizados en la cultura digital. 


A continuación un vídeo que invita a hacer una pequeña reflexión sobre hasta qué punto vivimos dominados por las tecnología. Cómo y porqué a pesar de las ventajas también nos provoca estrés y enfermedades. Y algunos ejemplos cotidianos que muestran el límite al que podemos llegar sin darnos cuenta.