Para entender que es la Web 2.0 vamos a remontarnos unos años atrás, a la época de la Web 1.0. En esta época el usuario era quien recibía la información o la publicada, sin dar mucho pie a una interacción. Sin embargo, ha sido a través de la Web 2.0 en la que el sujeto, antes pasivo, se convierte en agente activo de participación e interacción, dejando de lado el papel de consumidor para ser un usuario creador.
No me atrevo a definir qué es exactamente la
Web 2.0, pero sí es importante saber que hace referencia a una transición, a un
cambio de tendencia. Alberto Ortiz dice que se trata de “un fenómeno
social en relación con la creación y distribución de contenidos en Internet,
caracterizado por la comunicación abierta, la descentralización de autoridad,
la libertad de compartir y usar, dentro de un enfoque que trata a las
relaciones humanas como conversaciones”.

De modo
que cuando hablamos de web 2.0 hacemos referencia a los nuevos sitios web en la
que la participación de los usuarios es la principal característica
diferencial. Forman parte de este
nueva época los Blogs, espacio en el que podemos publicar noticias o artículos
con espacio para comentarios e invitando a demás usuarios a una discusión, las redes sociales como Facebook,
servicios conocidos por Wikis (Wikipedia) y los portales de alojamiento de
fotos, audio y vídeos como YouTube. Todas estas herramientas nos permiten
interactuar con otros usuarios y aportar contenidos, publicar, mezclar,
compartir…
El
Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación al Profesorado
(INTEF) nos habla de la web 2.0 como una actitud y no una tecnología. Una
actitud que debemos trabajar para desarrollar Internet. Y en la que navegar
supone seguir las directrices de las “4C”: Comunicarse, Compartir, Colaborar y
Confiar.
Manuel
Area (2012) dice que la Web es como una biblioteca universal. En la que la
sobreabundancia de información genera «infoxicación». Me resulta interesante
cómo utiliza la metáfora de la biblioteca, ya que cierto es que Internet nos ha
abierto un abanico infinito de posibilidades para acceder a cualquier tipo de
información gracias a las tecnologías. Pero
esta información puede resultar excesiva. Y es a esta sobrecarga de
información con la que nos encontramos en la actualidad, a lo que Manuel
hace referencia cuando dice que la sobreabundancia genera infoxicación. Hasta
el límite de saturar la propia capacidad humana para procesar y analizar tanta
información.
Alfons
cornellà (2000), quien introdujo el término de Infoxicación, dice que es “la enfermedad de la
sociedad digital de principio del siglo XXI”. Y es tanta la información, que
según él hace que desarrollemos una incapacidad de análisis eficiente. A su vez, también nos puede crear
ansiedad debido a la imposibilidad de asimilar la inmensa cantidad de datos
disponibles en poco tiempo.
El
problema es que la tasa de información que se produce va en aumento día a día, como también los canales por los que
nos llega. Y esta velocidad
de circulación de la información afecta a una instancia fundamental: la
reflexión (Lash, 2005). Ante
lo que vemos, oímos o leemos, ya no nos queda tiempo y espacio para reflexionar.
Por otro
lado, muchos autores afirman que aunque tengamos recursos y medios para acceder
a cualquier tipo de información, y podamos considerar que vivimos en una
sociedad de información, no
hace que seamos una sociedad de mayor conocimiento. Como Manuel Area (2012) dice, una cosa
son los datos y otra bien distintas es la capacidad de interpretarlos, darles
sentidos y un significado útil para nuestros objetivos. Por ese motivo es importante, pensando
en nuestra tarea como docentes ayudar a nuestros alumnos a que sean competentes
en cuanto a hacer un buen uso de Internet; ayudarles a que sepan qué
información buscar y dónde la pueden encontrar, que páginas son fiables y a
cómo transformar la información a la que acceden en conocimiento, y que esto, a
su vez les permita resolver los problemas que se vayan encontrando y
desarrollarse de una manera adecuada. Como diría Manuel Area, es ayudarles a
que crezcan como sujetos alfabetizados en la cultura digital.
A continuación un vídeo que invita a hacer una pequeña reflexión sobre hasta qué punto vivimos dominados por las tecnología. Cómo y porqué a pesar de las ventajas también nos provoca estrés y enfermedades. Y algunos ejemplos cotidianos que muestran el límite al que podemos llegar sin darnos cuenta.



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